Detectando al chavista
Yo, que soy tan pudorosa, nunca me imaginé hablarle a un ser tan inferior como un chavista. Lo que pasa es que él, mi chavista, es el único chavista que no es un ser inferior y por eso no parece tan chavista.
Cuando lo conocí era muy tempranito, una mañana de octubre, fría como son todas las mañanas de todos los octubres. Él hablaba con otro chavista –uno que sí tiene todo lo espantoso que los chavistas suelen tener- y tenía esa expresión de agrado que sólo él puede tener.
Porque algo sí es cierto. Cuando a él le agrada algo pone la cara de una manera exclusiva, como con una risita escondida, una risita que no se quiere reír. Él a veces me ha hecho esa mueca a mí y me ha hecho sentir afortunada, casi tanto como me hacía sentir Carlos Ortega cuando todas las tardes de aquel diciembre salía a alargar el paro por un día más.
Él no trunca las palabras al hablar. Las dice completas y hasta sifrinea un poquito. Él viste ropa de marca y se sabe combinar. Una vez hasta le dije que me gustaban sus zapatos, tal vez porque son feos pero a él le quedan bien; porque si algo tiene mi chavista, es que luce los zapatos como el más refinado de los escuálidos.

toto dijo
en serio este es un diario real...????si existe esta mujer y el tal chavista? es demasiado comico..digno de una novela jajajaaj./.....
7 Mayo 2007 | 08:25 PM