Cubitos de hielo
La mente cuadrada de mi marido a veces me resulta nauseabunda. Todo tiene una medida exacta, todo tiene un lugar determinado. El pabilo de las hallacas describe cuadrados perfectos, todo para él debe ser asquerosamente simétrico. Ojalá tuviera tanta conciencia cuando se viste y, en vez de combinarse como es debido, elige sus habituales y espantosas medias grises sin importar el color de los zapatos, de los pantalones o de mi faz iracunda cuando cada tarde llega y se lanza en la cama descalzándose a la vez.
Hoy tuvo la nunca brillante idea de ayudarme a cocinar algo que para cualquier persona es normal, arbitrario, común, pero para él es todo un procedimiento. Me ayudó a freír tequeños congelados y a hacer un batido de melón.
Él pretendía que yo sacara los tequeños del congelador, los dejara descongelar y los congelara nuevamente para freírlos recién sacados del freezer. Contó el tiempo que debían pasar en la paila usando un cronómetro de entrenador de fútbol y se negó a contar en minutos. Él siempre prefiere saberlo todo en segundos, dice que eso preserva mejor la exactitud de los momentos, así que los fulanos tequeños estuvieron en el aceite durante 120 segundos exactos.
“Escuálido de mierda”, pensaba yo al mismo tiempo que imaginaba cómo sería preparar tequeños con mi chavista. Seguro usaríamos harina con coquitos y queso pasado, comprados en algún Mercal, pero el proceso sería deleitante… Quizás lanzaríamos los tequeños en el aceite y nos entregaríamos a hacer el amor en el mesón… 120; 1200 ó 12000 segundos, qué importaría; qué importaría que se quemaran los tequeños si igual nosotros nos estaríamos quemando por dentro…
Y, como siempre él, mi marido, me sacó de mis perversos y divinos pensamientos cuando un estúpido cubito de hielo me cayó en el pie. Porque él es absurdamente meticuloso incluso para eso:
-Gordo, ¿no será mejor hacer un hielo grandote y luego usar pica hielo?, pregunté intentando parecer dulce.
-No quiero filos irregulares, dañan la presentación del jugo, dijo.
“Imbécil; de todas maneras vamos a licuar el bendito hielo y nadie podrá saber si era cuadrado, redondo o tan deforme como tu mamá”, pensé al tiempo que lanzaba pedazos de melón dentro de la licuadora.

theone dijo
ehh... el chavista no es el marido por lo q veo...
5 Enero 2007 | 04:13 PM