Después de la llamada (I)
Luego de meter la pata con la llamada que equivocadamente me hizo mi chavista no supe qué hacer. Durante todo el fin de semana calculé con total frialdad –casi con tanta meticulosidad como la que caracteriza a mi marido- cuáles serían mis acciones la próxima vez que viera a mi chavista.
Pensé en no hablarle nada, pero se notaría mi despecho; en hablarle de más, pero creería que me le estoy regalando; en no ir a trabajar, pero arriesgaría mi empleo… La resolución final fue, sencillamente, ponerme mis mejores trapos y esmerarme en lucir más divina que de costumbre.
El momento llegó. Él entró a la oficina creyéndose Robert Redford. Sí, yo sé que mi chavista se cree un híbrido entre Omar Enrique, David Bisbal y Robert Redford, y sé que es por eso que camina con un casi imperceptible vaivén hacia los lados, como si fuera un “pinipón”. Me niego a pensar, entre otras cosas, que es la gordura la que lo hace cojear ligeramente.
Cuando lo vi sentí el mismo miedo que cuando me llamó. Me deslicé hasta el baño con la firme decisión de arreglar mi maquillaje: todo tenía que lucir perfecto. Y, de repente, una mano húmeda me jaló del brazo metiéndome al baño de hombres:
-¿Lo viste? Yo de verdad no sé qué le ves al tipo, pero está como a ti te gusta, pues: horrendo, abollado y viejo… ¿Qué piensas hacer?
-Ay, amigui… No sé. Dime tú, ¿qué debería hacer?
-Amiga, usted tiene que lánzasele encima a su viejevo y eso tiene que ser pronto; mire que la mujercita ésa anda como una mezcla de piojo, pulga y garrapata: encaramándose del cuello de su chavista.
-¿Tú crees? –Pregunté hundida en el pánico.
-Estoy seguro y te lo puedo jurar. Nunca dudes de la palabra de un marico, amigui: o usted se lanza a por todas, o esa muchachita le come el mandado –sentenció.
-Pues… si es así me jodí, amigui. Ella es una cinéfila y lectora compulsiva igual que él. Vamos, que mis referencias cinematográficas no pasan de El Rey León y el policía 33 y 1/3… Él es un chavista culto, amigui, y ella una solterona comelibros. No tengo ni la más mínima idea de cómo competir en esas condiciones.
-Usted, amigui, no va a competir porque ya ganó –dijo mientras arreglaba mi cabello-. Mírate, estás bella, full make up. Además, cuando ella se le monea él se la intenta sacar de encima. En cambio, cuando tú te acercas, él se retuerce de placer. No hay que ser muy sabio para darse cuenta.
-¿Tú crees?
-¡Estoy seguro! Vaya y enrédese en la cabuya de la pasión con su chavista. A ver si por fin, amigui, te deshaces del esperpento de hombre que tienes por marido y pescas algo que por lo menos te dé más caché –dijo mientras mariposeaba con las manos.
-¿Tú dices? –Pregunté intentando que me diera el definitivo empujoncito.
-¡Yo digo! Y aprovecha, amigui, porque mi apoyo inmoral no te va a durar toda la vida –acotó.

Una venezolana desde Londres dijo
Jaja mira acabo de conseguir tu blog porque andaba navegando por ahí y me da mucha risa, está buenísimo, es como leer una novela! jaja y bueno tranquila, todos tenemos errores y soy de las que piensa que SIEMPRE el pez muere por la boca y todos hemos estado al menos 1 vez enamorados o hemos estado con alguien con quien juramos que jamás estaríamos, así que gózatelo :)
Saludos de 1 venezolana desde Londres
17 Enero 2007 | 06:46 PM