Domingo con mi suegrita
Llegó con su habitual look tipo Cruela de Vil, sí, la “persigueperritos” de 101 y 102 dálmatas. Ahora que están de moda las pieles, la vieja loca esa no pela la ocasión de envolverse su arrugado pescuezo de morrocoy en un pañuelo de tigre, puma, cebra o cualquier otra cosa que imite “estampados” animales.
Como por obra del demonio, le trajo un regalito a mi marido, sí, su hijo, sí, el escuálido… ¡A que no adivinan! Le compró un libro y se lo entregó envuelto en papel con fotos de carros antiguos. Cuando mi esposo cual carajito rompió el envoltorio, descubrí que se trataba de la obra de Andrés Schmuke, titulada “ME ENAMORÉ DE UNA CHAVISTA”.
Mientras tanto, la bruja me veía con la trompa echada a un lado, en esa mueca espantosa que hace cuando considera que se está anotando puntos a favor o me está despachando puntos en contra.
¬-Lo vi en Tecniciencia del Tamanaco y no pude evitar pensar en ti… Y en Eriquetica, por supuesto –dijo mientras sobaba el hombro de mi marido.
-Mamá… ¡Qué detalle tan hermoso! Tú siempre intentando conciliar a los seres racionales como nosotros, con las bestias como ellos, que apoyan al asesino.
-Verdad que sí, gordo –dije poniendo mi mano en su pecho para hacerle quitar la de ella-. No hay mejor manera de ilustrar lo acertado del regalo que nos ha hecho tu mami.
-Que le he hecho, niña –dijo la bruja-. A mi bebé, porque a ti te regalo sólo si la circunstancia obliga.
-Mamá, tú siempre con tu franqueza.
-Es tan tierna. Definitivamente, los viejos son igual de torpes e imprudentes que los niños… Cero diplomacia, ¿verdad, tontito?
-No estoy seguro, amor.
Le di un piquito y le quité el libro de las manos, con la excusa de guardarlo en nuestra mesita de noche. El resto de la tarde lo pasé con un nudo en la garganta, preguntándome si acaso mi marido o la loca de su madre sospechan algo de lo que pasa conmigo, con él, y con el chavista ingrato que despedazó mi orden.
La vieja se acaba de ir y mi marido no me ha hablado desde entonces. El libro lo tengo escondido detrás de una zapatera, pensando si lo dejo a su alcance o lo destruyo a la brevedad posible.
Por el momento, no tengo otra opción que invitarlo a bañarse conmigo e intentar concretar lo que insinué anoche. Espero no ser nuevamente víctima de su rechazo.

katherine dijo
No le pares mucho a esa vieja... Las suegras por naturaleza, son unas brujas. Y Tranquila, no demuestres miedo, porque si no saben, así te pueden pillar. Saludos!!
29 Enero 2007 | 05:31 PM