Día de los enamorados
Hoy, Día de San Valentín, la cosa con mi chavista fue más confusa que nunca. Me jugué un par de cartas peligrosas al acercármele y saludarlo efusivamente, con besito y abrazo y todo, a lo que él respondió con algo que podría interpretarse como agrado.
Lo cierto es que dedicó un par de minutos a hablarme de cosas suyas, de cómo siente el trabajo y lo que espera que pase en los próximos días, claro que –por ser yo parte de esa realidad- no puedo decir que mi chavista esté compartiendo sus opiniones personales conmigo: tal vez sólo me lo comentó igual como se lo comentaría a cualquier otro personaje de la oficina.
Durante lo poco que duró lo conversación sólo pensé en las palabras de la bruja a la que visité. Pensé en lo que dijo sobre su vida personal turbia y su intimidad oscura, e intenté descubrir en sus ojos algo que me dijera más sobre ese lado suyo que aún desconozco, pero la búsqueda fue en vano. Mi chavista no dejó traslucir ni un retazo de lo que hay en su alma, en su interior. Sigue siendo un excitante enigma para mí y confieso que ser tan críptico es una de las cosas que más me atraen de él.
Al despedirnos para volver al trabajo su actitud me desconcertó: yo quise ser digna e insigne y dar la media vuelta sin mayor parapeto que los instantes ya transcurridos. Sin embargo, él prefirió tomarme del brazo y darme un abrazo de oso y un par de besitos en las mejillas. Sospecho que mi chavista está jugando cada vez más cruelmente conmigo… ¿o será que está cayendo en mis redes?
El caso es que ahora estoy en mi casa esperando la llegada de mi esposo. Mi marido, sí, el escuálido, seguramente vendrá con flores, chocolates, un libro o algún peluche que intuya que deseo recibir. Así ha sido durante nuestros años juntos, desde que sólo éramos amigos. Si algo no puedo negar, es que su mente cuadrada y fría le permiten observarme a perfección y adivinar con exactitud lo que espero recibir en cada ocasión especial. No obstante, debo adelantar que este año mi marido fracasará estrepitosamente al escoger mi obsequio, a menos que lo que traiga en su mano sea a mi chavista, con un lazo en el cuello y la promesa de no alejarse de mí jamás.
Por lo tanto, espero a mi marido con una mezcla de emoción y hastío. El apartamento en penumbras, poca ropa, incienso, vino y bosanova, son buenos elementos para simular que se es feliz y, si algo espero en este día, es que mi esposo no vuelva a resistirse a mí, que no vuelva a preguntarme dónde está el libro de Schmuke o que llegue a ver el sorteo de
Por cierto, se supone que mañana debo ir temprano a donde Tucán Primero a llevarle los materiales para la brujería que me prometió. Esta mañana le tomé una foto a mi chavista con la excusa de estar usando una cámara supuestamente nueva que me regaló mi marido. Ahora, en lanoche, cenaré con mi esposo, así que obtendré el cuchillo usado por los dos. Sus calzones y mis pantaletas son lo más fácil de conseguir... pero, francamente, siento miedo de lo quele vaya a pasar a mi escuálido;en ese sentido no sé si quiero que la bruja me haga el trabajito.


katherine dijo
Un abrazo de oso? las cosas como que están mejorando, ehh. jejejeje
Me huele que tu rojo rojito si va a caer...
Y entonces ya decidiste hacerle el trabajito? Bueno, suerte amiga. Yo no creo mucho en esas cosas, pero como dicen por ahi: De que vuelan, vuelan, jajajaja. Saluditos!!!
15 Febrero 2007 | 05:24 PM