-¿Qué quieres que te diga? ¿Que eres lo mejor que me ha pasado en la vida? Pues eso no te lo voy a decir, porque eres un grave error en todo sitio que frecuentas, porque no sabes hacer nada bien, porque estás convencida de que tu pelo largo y tus piernas duras son la llave del cielo.

-Creo que mi apariencia no es lo que está en discusión. Creo que tus comentarios están fuera de lugar.

-La única que siempre ha estado fuera de lugar eres tú… ¿Quién crees que eres? Ten la plena certeza de que con un chasquido de mis dedos, te borro del mapa.

-¿Ah, sí? ¿Y desde cuándo eres un soplón? Además, ¿qué carajos te importa lo que yo sea fuera de estas cuatro paredes? Tú no tienes derechos sobre mí.

-¡Gracias a Dios no los tengo! Porque teniéndolos me olvidaría de que eres mujer. Escúchame bien, Enriqueta Mendoza, a partir de este momento puedes olvidarte de todo lo que tenga que ver conmigo. No me mires, no me registres, puedes pensar que me morí. Al enemigo no le doy ni agua, y tú desde ahora eres mi enemiga número uno, ¿entiendes?

-¡Entiendo! Y me complace que seas tú el que tome la decisión de alejarse, porque el contacto contigo me da alergia, porque la simpatía que alguna vez te tuve ahora me asquea, porque tu barato perfume de flores podridas me causa náuseas, ¡comunista de mierda!

-¿Comunista de mierda? Maldita loca… salí contigo, me vieron contigo, ¿cómo crees que me puede ayudar eso? Yo, que mi nombre se baraja como posible Ministro de Información, almorzando con una tipa que ha participado en cuanto firmazo y templete escuálido se haya hecho.

-Creí que podíamos ser amigos más allá de la política, ¿por qué eres tan obtuso?

-Porque trabajo contigo y por un momento pensé que cuando salga de esta basura de empresa podría llevarte conmigo, a un cargo mejor, te llevo a comer para conocerte más y justo ahora me topo con tu número de cédula, lo reviso y ¡Ecolecuá! Eres una escuálida de mierda.

-Pues no me lleves a un mejor trabajo, pero tampoco me maltrates.

-¿Que no te maltrate? Por gente como tú la Revolución no se concreta, ¡traidora a la Patria! –Rugió y entró al ascensor.

Me refugié en el baño y lloré desconsoladamente. Lo que ha ocurrido después de los oficios de Tucán Primero, no es para nada parecido a lo que ella me prometió. Ya en mi apartamento, comprobé que la brujería dio efectos simétricos:

-Te noto extraña, ¿qué pasa?

-Nada. Me duele la cabeza.

-Un muy mal día, ¿no? Ven, acuéstate y cierra los ojos… no pienses más en lo que sea que haya ocurrido. No tienes por qué llorar más.

-No lloré.

-Sé que sí… Mira –dijo rozando mis párpados con sus dedos- hay vetas. Te maquillaste encima de tu maquillaje corrido… corrido porque lloraste.

-¿Por qué eres tan observador?

-Porque me gusta contemplarte. Sé exactamente como luces siempre, sé que hoy tienes la nariz un poco hinchada… Cuéntame qué pasó, amor.

-Me botarán del trabajo, gordo.

-Eso no va a suceder, princesa. Eres la mejor en tu oficio. Ningún empleador es tan estúpido como para dejarte ir… ¿por qué dices eso?

-Nada. Un idiota que trabaja conmigo, un chavista de mierda, me buscó en la Lista Maisanta… yo pensé que eso ya no existía, gordo. Me hizo un escándalo delante de todos…

-La lista ya no existe y, si así fuera, no te van a botar por eso. Tu jefe es de los nuestros, ¿recuerdas? Lo encontramos en varias marchas. El chavista es quien sobra… además, piensa esto, preciosa: a Chávez lo quisimos botar millones de personas y no pudimos. A ti no te botarán por algo que un solo hombre diga, ¿comprendes?

-¿Por qué eres tan bueno conmigo?

-Porque te amo, princesa. Eres todo lo maravilloso de mi vida… no sé qué haría si una noche me desvelase y no tuviese tu cabello en mi rostro, tu olor a mi lado…

-¿Pelearás conmigo?

-Nunca.

-¿De verdad?

-Te lo juro… a menos que tú quieras hacer una guerra ahora mismo –dijo e inició un ataque de besos.

A Tucán Primero le pagué para que me amarrara a mi chavista y, muy a mi pesar, me hiciera pelear con mi esposo, pero lo que pasó no fue exactamente eso… De hecho, fue todo lo contrario: mi marido, sí, el escuálido, se ha mostrado excesivamente amoroso conmigo, mientras que mi chavista me ha declarado la guerra.

A este punto no comprendo la forma en que están fluyendo las cosas. He hecho todo como la bruja me indicó: el cuchillo bajo el colchón, el altar oculto en la habitación de huéspedes de la cual –cree mi marido- se perdió la llave y la foto yendo conmigo cada vez que salgo a algún lugar donde me vaya a encontrar con mi chavista.

Algo en el conjuro de Tucán Primero fue hecho al revés de como debería y por eso tengo ahora mucho más amor de mi esposo y un extraño y doloroso odio por parte de mi chavista. En estos momentos me encuentro planificando una escapada de mi oficina, para ir a su consultorio y preguntarle qué carrizo hizo mal, por qué mis hombres se comportan al contrario de lo que yo esperaba.