El libro y mi suegrita
Mi suegrita llegó de improviso a la casa, aún sabiendo que –cual vampiro- no puede entrar si no es invitada y la invitación vale sólo para los domingos. Llegó sin importarle que era jueves y, de paso, llegó a meter sus artríticas manos en mi nevera y en mi cocina.
-Pobrecito mi hijo… casarse con una yegua que sólo se ocupa de cuidarse la crin, mientras que en la nevera todavía hay hallacas viejísimas sin desalojar.
-Él no quiere botarlas, porque se las quiere comer en Semana Santa –dije-.
“Vieja inmunda, se quedarán ahí para siempre, porque son tan incomibles que ni tu propio hijo pudo soportarlas. Por eso eres viuda: tu mala comida envenenó a mi pobre suegrito”, pensé.
-¡Haberlo dicho antes! Para Semana Santa prepararé otras y serán de pescado. Pobrecito mi hijo, tanto sufre con tus accidentes culinarios, que guarda mi comida como si fueran los santos de
“Desgraciada”, pensé.
-Suegrita, no se moleste. Si tan mal cocino, puedo conseguir una empleada, pero es que su hijo no me ha dado quejas…
-Igual voy a desalojar esta podredumbre. Hasta cáncer les va a dar de tener tantas bacterias criándose en su nevera…
El resto ya es obvio: la vieja botó las hallacas y revisó los conservadores uno a uno –entonces comprendí de dónde salió tan mañoso mi marido- hasta que hizo el gran hallazgo:
-¡Un libro! –Exclamó.
-¿Qué? –Dije, haciéndome la loca.
-¡El libro que yo le regalé a mi bebé! ¿Por qué lo metiste a congelar?
“¡Coño e´la madre! Tengo que darle vuelta a este chisme, antes que el gordo se entere”, pensé y me deslicé hacia el balcón del apartamento, desde donde marqué mi un número en mi celular:
-¿Llamada sorpresa? No me digas que me vas a sorprender con una sesión de sexo telefónico, justo ahora que el servidor se rebeló contra mí -dijo entre risas.
-No, gordo. Lo siento… ¿tienes problemas allá?
-Algo así… la máquina superó mi inteligencia hace rato. Ya tengo ganas de incendiar todo esto… ¿Por qué me llamas, princesa?
-Tu mamá está aquí, gordo…
-¿En serio? ¡Qué bien, princesa! Podrías decirle a mami que en la nevera hay yogurt del que a ella tanto le gusta…
-Había, porque ya se lo comió… Por cierto, no tengo que decirle nadita de la nevera… ya la exploró toda…
-¡Cómo es la vaina! ¿Pusiste a mi mamá a hacer oficio? Preciosa, no dejes que veas que no nos comimos las hallacas… se va a deprimir.
-No la puse… ella llegó muy extraña. Y, demasiado tarde para evitar que las vea –era mi momento de voltear el chisme a mi favor-. Gordo, tu mamá no está bien… guardó un par de zapatos en la despensa y ahora… agarró tu libro, el que creíamos perdido, ¿recuerdas?
-¿Zapatos en la despensa? Y sí, el libro de la chavista, ¿qué pasó con eso?
-Lo envolvió en papel de alumino y lo puso a congelar dentro de un conservador –mentí y me di por salvada.
-¿Y por qué hace eso?
-No sé, gordo. Tengo miedo de que tenga Alzheimer o algo así… ¿podrás regresar un poco más temprano hoy? La señora está haciendo desastres, gordo. Si no vienes rápido a controlarla, terminará metiendo a nuestro acure en la licuadora…
-Bueno, princesa… cuídala un rato más y discúlpame. Intentaré llegar pronto, ¿sí?
-Sí –fingí un tono preocupado-. Trata de llegar antes que siga haciendo desastres. Está un poco agresiva, pero no le digas que yo te hable. Se sentirá acusada… te amo, gordo –y oprimí el botón rojo de mi celular.
“¡Mil puntos para Enriqueta… cero para la suegrita!”, me dije y –sin hablarle más a la vieja- esperé pacientemente a mi marido.



todo bajo control dijo
Me gusta este blog... Y creo que compartimos la misma historia, que por razones obvias no puedo contar en mi blog.
En fin, mi novio es un super chavista, al igual que su familia... Y bueno, es un poco extraño, hablar de política o algo que se le parezca es imposible... Yo le escucho sus cuentos pero el es incapaz de escuchar los mios desde mi punto de vista... Jummm No se si es karma o karma... Pero ahí vamos...
Jajaja...
Saludos,
TBC
9 Marzo 2007 | 06:06 PM