Mi marido ausente un sábado
Entre las cosas extrañas que me han ocurrido últimamente, está la ausencia repentina de mi esposo, sí, el escuálido, justamente hoy que es sábado, justo hoy que no sale de la casa ni que a su mamá esté a punto de tragársela un caimán.
Hoy se levantó temprano y buscó ropa de la que usa para ir a trabajar. Se perfumó más de la cuenta, al punto en que hedía en vez de oler, y salió con una sonrisa pícara en el rostro. A pesar de sus incesantes muestras de cariño, aún sospecho que ese perro me está montando cachos.
Lo bueno de esta soledad es que puedo echarles los cuentos más recientes de mi gran polígono amoroso. Digo “polígono”, porque seguro es que en esta historia somos más de tres: mi chavista, mi marido, la amiguita sospechosa de éste, la negrita solterona y quién sabe cuántas más de las pretendientes de mi chavista, sin dejar de contarme a mí misma, por supuesto… en fin, que nunca me han gustado los números y si insisto en ponerme matemática terminaré tendida en la alfombra, en trance, gracias a una bola de antidepresivos.
Anoche mi esposo recibió otra de las llamadas misteriosas en las que en vez de hablar a boca e´jarro, como acostumbra a hacer para ufanarse de su gran habilidad con las computadoras, optó por responder a base de “ujum”, “ajá”, “sí” y “no”, aún a sabiendas de lo mucho que eso me molesta.
Como yo no deseo crearme más fantasmas, decidí increparlo:
-Gordo, ¿quién te llamó?
-Alguien, princesa.
-¿Alguien sin nombre? ¿O alguien que se llama “Alguien”?
-Debes dormir, preciosa. Esta semana fue larga para ti.
Besó mi frente y me dio la espalda intentando bloquear mi campo de visión, como si así yo no fuese a darme cuenta de que estaba enviando mensajitos por su celular. Insistí:
-Gordo, ¿a quién le escribes?
-A alguien, linda.
-¿Alguien que es el mismo alguien de hace rato?
-Tú deberías estar dormida. Tu semana fue difícil.
-¿Difícil? Difícil es que mi marido llegue un viernes por la noche, directo al palomar, a dormir sin invitarme a salir, sin preguntarme si cené y sin intentar tocarme. Se supone que soy yo la que debo rechazar tus propuestas, no tú quien deba evadirme –Rugí y rompí en llanto.
-¿Qué pasa, amor? Calma… ¿quieres que hagamos el amor? Podríamos hacerlo…
-¿Podríamos? ¿Es un favor acaso? ¿O un experimento científico? Oh, sí… tú, el hombre de números, va a intentar entrar al récord Guinness por tirarse a una rata de laboratorio.
-¡No te entiendo, carajo! ¿Quieres o no quieres?
-Sí…
-Entonces ven y dame un beso…
-¿Y vas a contar los segundos que tardas en encumbrar las pocas ganas que me tienes? ¿Vas a contar en segundos qué tan rápido nos quitamos la ropa? ¿Vas a contar en segundos cuánto dura el suplicio de tirarme “por cumplir”, igual como cuentas en segundos cuánto tarda esa ramera en responder tus mensajes?
-¿Cuál ramera? ¿De qué hablas?
-Hablo de alguien, nada más.
Dándole la espalda, me hice un ovillo entre las sábanas y, antes de lograr dormirme, lloré mientras fantaseaba una vez más con mi chavista.




Emanuel Carvalho dijo
Olá, visita my pagina.Besos
18 Marzo 2007 | 12:24 AM