Otra conversación con mi chavista
-Intentas manipularme, ¿verdad? Quieres que esté de tu lado porque sabes que no soy ninguna inútil. Lo que no entiendo y me deprime es que finjas que te gusto, que intentes seducirme para lograr tu objetivo. -¿Y acaso no estamos peleando con la misma arma, Enriqueta? ¿Crees que no percibo tus batidas de melena, tus cruzadas de pierna, o la forma como haces temblar tus labios cuando te miro? -¿De qué hablas? -Tú y yo somos muy parecidos. No sé cual es tu objetivo, pero créeme que no te será fácil ganarme. -¿Ganarte? ¿Acaso puedo ganarte? Te equivocas. He perdido más de lo que puedes imaginar y a estas alturas no sé si ha valido la pena. -No te pido que votes por Chávez, ¿sabes? Sólo quiero que reflexiones. -¿Reflexionar? -Dios, Alá, Buda… cualquier cosa que creas superior, amiga mía: piensa en eso y piensa en mis palabras. Piensa en las otras opciones de lo que pudiste ser… o una exitosa máquina de frases o una prostituta desnutrida. Pudiste manejar un BMW a los quince años o pasar la vida entre un autobús y otro, pidiendo limosna… -¿A qué viene todo esto? -El mundo existe más allá de Santa Fe. Eso es lo que quiero que pienses. Entonces recordé todo lo que ustedes, amigos blogueros, me dijeron en sus comentarios, y ataqué usando sus hipótesis como puñales: -Quieres acostarte conmigo, “vampirizarme” hasta volverme una Lina Ron del Este y luego lanzarme a la basura. Esa es tu estrategia y, te advierto, no te va a funcionar. Pon las cartas sobre la mesa y te aseguro que obtendrás mejores resultados. -Cualquier hombre con ojos para mirarte, con nariz para olerte y con oídos para escucharte querría acostarse contigo. Y no es mi estrategia hacerlo. Es más, pienso que no pasará jamás, pero soy libre de fantasear con Cleopatra si me da la gana. Esas son mis cartas y ya están sobre la mesa: puedo creerme Simón Bolívar y querer que tú seas mi Manuelita Sáenz, ¿y me iré al infierno por eso? En ese momento sentí que mis piernas no resistían el peso de mi cuerpo. Disimulé lo más que pude y opté por sentarme. Recé para que Dios no me dejara tartamudear y me atreví a responder: -Te irás al infierno por pretender ser una versión de Bolívar cómplice de un imbécil que dejará en ruinas el país. -Creo en esto como creo en el amor, en la amistad… y como creo en ti. Soy libre de creer, Enriqueta Mendoza, y daría todo porque tú me acompañaras en mi fe. Si no puedo convencerte, sólo pido que respetes mi manera de pensar. -Dile eso a la gente de Vargas. -Lo sé. El Gobierno tiene millones de fallas… pero yo creo que otro mundo es posible y te estoy invitando a que lo creas conmigo. Nadie va a despojarte de tus comodidades. -Eso hacen los comunistas, como tu Presidente. -Mi Presidente, que también es el tuyo te guste o no. Y sí, pero él ha hablado de otro movimiento. El Socialismo del Siglo XXI respetará siempre la propiedad privada. Estamos siguiendo el sueño de Bolívar… -Y los delirios de Marx. -Y vamos en vías de lograr que esos “delirios”, como tú dices, sean reales. Enriqueta, queremos conseguir que las diferencias sociales sean mínimas… -Sí. Volviéndonos a todos pata en el suelo, muertos de hambre. -No. Haciendo, justamente, que cada vez más pata en el suelo, muertos de hambre, dejen de serlo. Queremos que todo el mundo tenga casa, carro, educación, comida… Sé que no me creerás ahora, pero evalúa el tráfico y date cuenta: si Chávez estuviese despellejando nuestras ansias de superación, no habría tantos carros nuevos y costosos en la calle. -Si no viviera en este país, me convencerías. -Entonces no vivamos más aquí, en este país que se ha vuelto un infierno, en el país que los medios de comunicación han creado para nosotros. Vivamos en el país de los sueños posibles… ¿Qué sueñas tú, Enriqueta? “Maldito manipulador”, pensé. “Le diré lo que quiere oír para ver con qué me va a salir ahora”. -Definitivamente no sé por qué te niegas a ver la verdad. No sé por qué no lees en mis ojos los mensajes que no te puedo ocultar. No sé si habrás tenido tantos millones de mujeres, que ya te volviste indiferente; o si es que has tenido tan pocas, que no sabes reconocer sus señales. -Ahora tengo miedo de estar entendiendo mal, Enriqueta. -Te haces el loco, te pones serio, ¿por qué? ¿Por qué un día respondes a mis mensajes y al día siguiente me ignoras? ¿Por qué finges que no sabes cuál es mi número de teléfono? ¿Por qué terminas las conversaciones sin siquiera molestarte en terminarlas? ¿Por qué a veces siento que me abres tu corazón en un abrazo y otras veces sólo me encuentro con un tipo absurdamente profesional, con cero de sensibilidad? ¿Acaso no te gusto o es que te gusto demasiado? -No entiendo de qué estás hablando. O sí lo entiendo, pero no quiero hacerlo… -¿Acaso han sido tantas las que detectan tu presencia porque sienten que se embriagan de tu olor en los pasillos? ¿Acaso ya no te mueve que alguien te escuche a una distancia a la que quizás nadie más podría hacerlo? ¿Acaso te has vuelto de piedra de un día para otro? -Tal vez sea eso… que me he vuelto de piedra. -Pues no me importa si tengo que ser una o mil gotas de agua que caigan sobre ti para ablandarte. No me importa si estás con ella o si tienes un compromiso con alguien más. No me importa ser sólo otra dentro de tu cúmulo de admiradoras, sencillamente porque ya no me importa la vergüenza, la dignidad, el orgullo y todo lo demás que uno tiene estando vivo, ¿sabes por qué? ¿Lo imaginas aunque sea? -Enriqueta, por Dios, cálmate… -¡Porque estoy muerta en vida! ¿Sabes lo que es una muerta que camine por ahí fantaseando contigo? Soy yo, que ya no hallo qué hacer para ganarme una mirada tuya. -¿Qué? Te has ganado millones de miradas escondidas… ¡Eres una mujer casada! -Casada para destrozarle la vida al hombre que me ama. Éramos felices hasta que llegaste tú… -¿Entonces llevas más de un año en esto? -No lo sé. Me destruiste con tu chavismo y con tu indiferencia absurda. Te amo por las noches, cuando te extraño y deseo que me hagas el amor, pero te odio de día, cuando te veo coqueteando con esa estúpida y siento ganas de golpearte hasta que mueras cada vez que intentas inyectarme tu revolución de mierda… -Si no te gusta -Es demasiado tarde para advertírmelo. Salí dando un portazo y hoy no fui a trabajar.
Entré sin tocar la puerta y no me molesté en saludarlo. Total, la oficina es de todos, aunque en ocasiones yo sienta que es sólo suya pues es él quien funge como líder entre esas cuatro paredes. Aproveché que era temprano y sólo estábamos nosotros, para buscarle conversación nuevamente:


Chi (soy MI) dijo
me he convertido en fanatica de tu blog...pues me encantas. Y tenemos una historia compartida, de la que ahora me arrepiento un poco. Pero gracias a dios nada q ver con un chavista, chica! un abrazo y sigue dando portazos!!!!
23 Marzo 2007 | 02:05 AM