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La Coctelera

Me enamoré de un chavista

Yo, que nunca había metido la pata, puse mis ojos en un cuarentón rojo, rojito

30 Marzo 2007

Encuentro con Claudia y… (III)

Seguimos caminando y conversando. Cerca del edificio de Ingeniería Sanitaria, la charla seguía su rumbo:

-Como tú misma lo dices, has convertido tu vida en un culebrón… ¿Qué sientes por el chavista?

-Algo más allá del deseo, Claudia. Estoy enamorada de él. No me importa si tenemos un conflicto ético porque trabajemos juntos. Ni siquiera sé si aún me importa que sea chavista…

-Ése es el problema, amiga, la ideología. El conflicto ético no, Enriqueta, porque tú siempre has sido muy astuta y, por lo que he leído, él no se queda atrás, así que podrán manejar todo. Sé que no se pondrán en evidencia y que lo que pase fuera del trabajo, no cambiará la evaluación que se hagan mutuamente en la oficina.

-Claudia… no sé qué hacer. Estoy que boto a mi marido, pero…

-¿Cuánto tiempo llevas con él, Enriqueta? Es desde que te conozco… unos…

-Más de diez años. Desde que empezamos a salir, ¿recuerdas? Tú me prestaste unos zapatos para la primera cita –reímos de buena gana.

-¡Diez años! Y con todas sus manías, caprichos, manipulaciones… yo ya lo hubiese botado. Además, tú quieres al chavista.

-Mi marido se ha convertido en mi hijo o en mi peluche, no sé. Mi marido es un manganzón con mamitis, es en el fondo un perdedor. Mi marido, y no sólo en la cama, sino en todas mis expectativas… mi marido no satisface mis necesidades como mujer…

-¡Querida! ¿Qué haces aquí, princesa?

Era la voz de mi marido en la pata de mi oreja y era su aliento en mi nuca. Bastó menos de un segundo para que mi mente hiciera varias cosas: “¿Qué hace aquí? ¿Nos oyó? Tengo que disimular”, pensé y me volteé enseguida:

-¡Gordo! Mi amor… qué lindo te ves hoy.

-Lo sé… mi esposa me escoge la ropa –rió escandalosamente.

-¿Recuerdas a Claudia Beltrán?

-¡Hola! Olvidé tu nombre… pero bastará con saber que eres el escuálido, digo, el marido de Enriqueta.

-Claudia Beltrán, sí… la que se fue a Maracaibo justo después de emborracharse en nuestra boda e intentar medirme el pene a través del pantalón…

-¡No seas grosero, gordo! Ella no estaba en sus cabales…

-Sí, entiendo que Claudia tiene mala bebida… Y como que no era tan chiquitico… pasé la prueba: sigo casado.

-En realidad me fui a Cabimas. Y sí… será chiquito pero cumplidor, ¿no, Enriqueta?

-Esta conversación me incomoda –acoté.

-Seguro la amable Claudia es otra chavista de mierda…

-Seguro los chavistas son más apuestos, ¿no, Enriqueta?

-No sé. Gordo, ¿qué haces aquí? ¿De dónde saliste?

-De la Facultad de Humanidades, igual que tú… ¿a qué le sacaste copias?

-¡Me estabas persiguiendo?

-No. Sólo me gusta verte de lejos y pensar que me acuesto con semejante lindura. No traje carro, así que tomaré el Metro.

-¡Qué casualidad! Nosotras también…

-¡Claudia!

-Sí, amiga. A esta hora nuestros carros deben estar trancadísimos. Vamos en Metro.

-¿Tú adónde vas, gordo?

-A La Hoyada… zona de tierrúos…

-¿Y nosotras adónde, Clau?

-¡En sentido contrario!

-¿Ah?

-Digo a… a… Los Dos Caminos, claro, Enriqueta.

-¿A qué van allá?

-Es que… gordo, no te he dicho. Una profesora del postgrado quiere que vaya a mostrar los avances de mi investigación en su oficina. Claudia me acompañará y así paseará para recordar la ciudad.

-Entiendo… ¿de quién hablaban cuando llegué?

-Del novio de Claudia, claro… un japonés insoportable –atiné.

-Araki, sí… es un perro, ni te imaginas –ella me siguió la corriente.

-¿Te quedaste solterona, Clau? –Preguntó él con malicia.

-Si no se quedaron solteros tú y tus medias grises…

-Araki es un patán. Yo le decía que lo dejara, gordo. Que le diga algo como “Araki, tú no satisfaces mis necesidades como mujer”.

-Algo así oí, princesa. Adelántense, que yo voy a desayunar aquí antes de meterme al terreno de lo popular y socialista chavista: el centro. Nos vemos en la tarde.

Antes que pudiera darme un piquito, le di un beso en la mejilla y entré al Metro junto a Claudia, celebrando nuestra astucia y riendo de nuestro susto.

No fui a trabajar, pero envié otro mensaje a mi chavista, pero esta vez no respondió:

"Y la escena ocurrió, señor apocalíptico. Menos mal que estaba acompañada".

servido por meenamoredeunchavista 7 comentarios compártelo

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Rubén Bolïvar Estrada

Rubén Bolïvar Estrada dijo

Mi curiosidad escuálida me hizo entrar en tu blog, y me encontré con una escritora ingeniosa y entretenida, te seguiré visitando, no te pongo un enlace en mi pagina porque me rayo con mis amistades escuálidas.

30 Marzo 2007 | 03:05 AM

3rn3st0

3rn3st0 dijo

Mi querida Enriqueta, ya esto no tiene vuelta atrás. En la conversación con tu amiga has admitido y asumido todo.

Espero que todo salga de la manera más positiva para todos, aunque creo que tu esposo será quien lleve la peor parte.

En fin, estoy aquí por ti, por nada más.

Saludos desde Guanare :-)

30 Marzo 2007 | 08:33 AM

nane

nane dijo

Jejeej.. Siempre interesante leerte.

Saludos.

Supero bueno.

30 Marzo 2007 | 10:31 PM

1 vzlana desde Londres

1 vzlana desde Londres dijo

Ay no sé si creerme que tu marido no escuchó nada y preguntó inocentemente que de quién hablaban ja ja ja
Me tienes pegada con tu blog, mosca y cuidado no vaya a ser que te quedes sin el chivo y sin el mecate pero bueno, gózalo que debes estar viviendo las maripositas por dentro y la emoción de la escondedera jajaja
Saludos!

1 Abril 2007 | 11:59 PM

katherine

katherine dijo

Hola amiga!!
Tiempo sin comentar, pero sigo leyendo y full pendiente de tu historia...
Un abrazo!! :)

3 Abril 2007 | 01:50 AM

meenamoredeunchavista

meenamoredeunchavista dijo

Rubén Bolívar Estrada: Justamente ese miedo a la raya es lo que con más fuerza me impide brincarle encima a mi chavista. De sólo pensar en las caras de mis padres, prim@s, amig@s, cuando sepan que estoy con un rojo, rojito, me da taquicardia y se me baja la líbido. No sabes lo que es enfrentarse a una lucha entre tus deseos animales y tu razón... Es terrible.

3rn3sto: Mi vida es una novela mexicana, ya no sé cómo arreglar este zaperoco. Gracias por seguirme apoyando.

Nane: Saludos, gracias por seguir aquí, haciéndome compañía.

1Venezolana: Yo tampoco le creo que no haya escuchado, porque cuando lo vi ya lo tenía encimita. Creo que está tramando algo. Ahora todo es cuestión de ser más rápida y coño e´madre que él.

Katherine: Gracias, amiguita. Otra de mis fieles confidentes, siempre al pie del cañón.

Besitos para todos.-

7 Abril 2007 | 10:11 PM

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Me enamoré de un chavista

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Me llamo Enriqueta Mendoza y tengo casi 30 años, más aquellos que me resto y los que me sumé una vez. No hay psiquiatra que pueda tratar mi conflicto, por eso preferí contárselo al mundo entero: Amo a un chavista.

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