Publicidad:
La Coctelera

Me enamoré de un chavista

Yo, que nunca había metido la pata, puse mis ojos en un cuarentón rojo, rojito

13 Abril 2007

Visita de mi suegrita

La siempre inoportuna y nunca bien ponderada madre de mi marido, sí, el escuálido, optó por visitarnos sorpresivamente ayer. Como era de esperarse, a mi esposo le pareció un regalo de los dioses el que la vieja estuviese ahí, aunque para mí fue un verdadero suplicio y motivo de otro enfrentamiento conyugal.

Llegó a las cinco y media de la mañana supuestamente para hacerle el desayuno a mi marido. Valga decir que, además, aprovechó de escogerle la ropa del día.

Mi esposo y yo salimos a nuestros lugares de trabajo y al regresar, en la tarde, desconocíamos nuestro propio apartamento: la vieja había cambiado todo de lugar y amenazaba con pasar la noche con nosotros.

-Gordo, tu mamá no se puede quedar, porque no tenemos cuarto de huéspedes. Recuerda que se nos perdió la llave.

-Princesa, ya mi mamá pensó en todo. Ahorita, antes de las seis, viene el cerrajero a forzar la puerta.

“¡Coño! ¡Van a ver lo que queda del altar!”, pensé y argumenté rápidamente:

-Pero, gordo, ¿cómo un cerrajero? ¿Acaso te has vuelto un insensible? Amor, el cerrajero acabará con el pomo…

-Princesa –dijo abrazándome-, al pomo eso no le va a doler…

-¡Pero a mí sí! Yo elegí ese juego de pomos una semana antes de casarnos, tú lo sabes, gordo. No quiero que lo descuadren sustituyéndolo por otro. Es horrible y pavoso y anti feng shui vivir en una casa donde los pomos de las puertas no sean iguales.

-¡Es sólo una cerradura!

-¡Ahí pusiste tus manos antes de hacerme el amor por primera vez! ¿Acaso no recuerdas que fue nuestro primer cuarto?

-No, princesa, que yo sepa, siempre hemos dormido en este…

Él tenía razón, pero yo tenía que evitar que abrieran esa puerta:

-No puedo creer que lo hayas olvidado –lloré, en realidad por la angustia por el altar-; olvidar que fue nuestro primer cuarto, antes de comprar la cama grande…

-No lo olvidé, preciosa…

-¿Entonces no te importa?

-De acuerdo, hablaré con mi mamá, ¿sí?

-Dime que no vendrá el cerrajero –le robé un piquito y puse ojos de perro triste-. Dímelo, gordo, que no dañarán mi pomo…

-Nadie tocará ese pomo, Enriqueta, ¿bien? Tendrás tus puertas iguales, como dice el feng shui…

Salió de nuestro cuarto hacia la sala, a hablar con la vieja. Luego me llamó y yo acudí sin saber la terrible noticia que me esperaba:

“Princesa, mi mamá tiene una excelente solución para esta noche”…

servido por meenamoredeunchavista 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

toto

toto dijo

me da risa como escribes..d verada me he pegado a tu historia jajajaja pero ojala sea verdad...por que seria chimbo por decirlo de alguna manera que estes inventado esta historia....por que parece la propia novela....bueno saludos

8 Mayo 2007 | 10:21 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de meenamoredeunchavista

Me enamoré de un chavista

ver perfil »
contacto »
Me llamo Enriqueta Mendoza y tengo casi 30 años, más aquellos que me resto y los que me sumé una vez. No hay psiquiatra que pueda tratar mi conflicto, por eso preferí contárselo al mundo entero: Amo a un chavista.

Fotos

meenamoredeunchavista todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera