Visita de mi suegrita
La siempre inoportuna y nunca bien ponderada madre de mi marido, sí, el escuálido, optó por visitarnos sorpresivamente ayer. Como era de esperarse, a mi esposo le pareció un regalo de los dioses el que la vieja estuviese ahí, aunque para mí fue un verdadero suplicio y motivo de otro enfrentamiento conyugal. Llegó a las cinco y media de la mañana supuestamente para hacerle el desayuno a mi marido. Valga decir que, además, aprovechó de escogerle la ropa del día. Mi esposo y yo salimos a nuestros lugares de trabajo y al regresar, en la tarde, desconocíamos nuestro propio apartamento: la vieja había cambiado todo de lugar y amenazaba con pasar la noche con nosotros. -Gordo, tu mamá no se puede quedar, porque no tenemos cuarto de huéspedes. Recuerda que se nos perdió la llave. -Princesa, ya mi mamá pensó en todo. Ahorita, antes de las seis, viene el cerrajero a forzar la puerta. “¡Coño! ¡Van a ver lo que queda del altar!”, pensé y argumenté rápidamente: -Pero, gordo, ¿cómo un cerrajero? ¿Acaso te has vuelto un insensible? Amor, el cerrajero acabará con el pomo… -Princesa –dijo abrazándome-, al pomo eso no le va a doler… -¡Pero a mí sí! Yo elegí ese juego de pomos una semana antes de casarnos, tú lo sabes, gordo. No quiero que lo descuadren sustituyéndolo por otro. Es horrible y pavoso y anti feng shui vivir en una casa donde los pomos de las puertas no sean iguales. -¡Es sólo una cerradura! -¡Ahí pusiste tus manos antes de hacerme el amor por primera vez! ¿Acaso no recuerdas que fue nuestro primer cuarto? -No, princesa, que yo sepa, siempre hemos dormido en este… Él tenía razón, pero yo tenía que evitar que abrieran esa puerta: -No puedo creer que lo hayas olvidado –lloré, en realidad por la angustia por el altar-; olvidar que fue nuestro primer cuarto, antes de comprar la cama grande… -No lo olvidé, preciosa… -¿Entonces no te importa? -De acuerdo, hablaré con mi mamá, ¿sí? -Dime que no vendrá el cerrajero –le robé un piquito y puse ojos de perro triste-. Dímelo, gordo, que no dañarán mi pomo… -Nadie tocará ese pomo, Enriqueta, ¿bien? Tendrás tus puertas iguales, como dice el feng shui… Salió de nuestro cuarto hacia la sala, a hablar con la vieja. Luego me llamó y yo acudí sin saber la terrible noticia que me esperaba: “Princesa, mi mamá tiene una excelente solución para esta noche”…

toto dijo
me da risa como escribes..d verada me he pegado a tu historia jajajaja pero ojala sea verdad...por que seria chimbo por decirlo de alguna manera que estes inventado esta historia....por que parece la propia novela....bueno saludos
8 Mayo 2007 | 10:21 PM