Publicidad:
La Coctelera

Me enamoré de un chavista

Yo, que nunca había metido la pata, puse mis ojos en un cuarentón rojo, rojito

24 Abril 2007

Ida de mi casa (III)

Conduje en medio de una crisis de nervios y en el camino hablé con Claudia Beltrán:

-Me fui de la casa, Clau. El chavista me puso cuernos…

-¿Qué? Organiza tus ideas, Enriqueta. Escúchame, ¿dónde estás?

-Manejando. No sé dónde.

-¿Autopista?

-No lo sé…

-¡Puta, degenerada, voy a matarte, donde te vea te caigo a coñazos, ramera!

-¿Qué te pasa?

-Perdón, Enriqueta. Necesitaba hacerte reaccionar… ¿Es una autopista?

-No… es Santa Mónica, creo.

-De acuerdo. Busca un lugar donde puedas estacionarte y llama a alguien que vaya a recogerte, ¿está bien?

-Necesito verte, Clau…

-Está bien, me verás. Yo ya mismo pido un permiso de trabajo y salgo para Caracas, ¿sí? O te vienes a Cabimas unos días, como prefieras… Ahora necesito que te estaciones y llames a alguien que te recoja. Alguien de confianza… ese amigo tuyo…

-Diego Santamaría.

-Ése. Avísale, ¿sí? Yo ahora estoy por recibir un cliente.

servido por meenamoredeunchavista 1 comentario compártelo

24 Abril 2007

Ida de mi casa (II)

Conduje a casa del que no es mi amante en realidad, pero era lo más cercano a uno para batirle en la cara a mi marido, culpable y confeso de ponerme cuernos. Había conseguido su dirección con ayuda de Diego, mi amigo del trabajo encargado de la administración. Llegué y el portero me dejó subir:

-¿Qué haces aquí, Enriqueta? –Dijo con asombro mi chavista.

-Dejé a mi marido… ¡Lo dejé! –Dije riendo entre lágrimas.

-Estás loca, ¿sabes? ¿Puedes decirme qué pasó?

-No podía seguir con él. Yo te necesito a ti –me eché en sus brazos-. Dime que no estoy enamorada sola… dímelo.

-Oso, ¿y entonces? –Una voz desde el fondo del apartamento-. Si no vienes se va a enfriar esta gatita…

-Estoy acompañado, Enriqueta –dijo apartándome-. Lo siento tanto, yo…

-Nada. Está bien. Eso ya respondió todo. Adiós.

Intenté alejarme del umbral, pero su mano me detuvo asiéndome violentamente:

-Puedo no ser un monje… pero no te enamoraste sola –dijo y cerró la puerta.

servido por meenamoredeunchavista sin comentarios compártelo

24 Abril 2007

Ida de mi casa (I)

-¿Sabes qué? Después de lo que pasó con tu mamá, comprendí que no tengo nada que hacer aquí.

-¿Nada que hacer? ¡Me tienes a mí! Yo soy tu esposo y te amo…

-Y recibes llamadas misteriosas… ¿Crees que no sé que tienes otra mujer?

-¿Cómo puedes pensar eso, Enriqueta? ¿De dónde sacas eso?

-¿Me vas a negar que estuviste con una mujer el día de tu cumpleaños? ¿Te atreverás a decirme que es mentira?

-No. No te diré que es mentira y no te voy a mentir. Estuve con una mujer, sí, pero no de la forma que tú crees…

-¿No? ¿Qué sigue? ¿Explicarme cómo vienen los bebés?

-Enriqueta, por favor, cálmate y escucha: no es nada de lo que parece. Yo te lo puedo justificar muy bien. Todo lo hice por nuestro bien…

-¡Nuestro bien! ¿Cómo reconoces el bien, gordo? Para mí el bien es serle fiel a tu pareja…

-Y para mí también…

-¡Maldito hijo de puta! ¡Mentiroso! –Me abalancé para golpearlo.

-Ok. Si estás así, yo mismo te ayudo a meter las maletas en el carro. Tal vez sea bueno un tiempo para que reflexiones, amor, pero no olvides que estoy aquí…

-Y tu mamá también…

-Te amo. Espero que vuelvas pronto. Enriqueta… ¿adónde irás?

-A casa de mi amante.

servido por meenamoredeunchavista sin comentarios compártelo

13 Abril 2007

La solución de la noche

Salí del baño luego de ducharme y no podía creer que lo que estaba viendo: mi pijama más fina, sexy y cómoda en el cuerpo de aquella tortuga milenaria.

-¿Tú le prestaste esa pijama a tu mamá?

-En realidad ella la eligió, princesa. Lo lamento. Luego te compro otra.

-Ya no la quiero. Verla en ese cuerpo de acordeón me hace temer que me quede igual…

-Nunca te quedará igual. En mi mamá luce tierna… en ti luce diabólica –rió de buena gana-. Mañana busco una igual… o más rica, ¿sí?

-Está bien.

Me acosté encima de mi marido, como siempre, con la mitad de mi cuerpo boca abajo sobre el suyo y sucedió lo peor:

-Dame un ladito, porque no pretenderás que duerma en el piso, ¿no?

-¿Tu mamá piensa dormir en la cama? –Le susurré a mi esposo.

-Sí, preciosa… como no tiene cuarto para ella –dijo mientras nos arrimábamos para darle espacio a la bruja.

Entonces entendí que el plan macabro de la vieja era dejarme sin sexo –como si ya mi marido no lo hiciera por su cuenta- y amargarme la noche. Pensé en una retaliación y quise provocar a mi esposo, jugando con mi lengua en sus orejas:

-No hagas eso, está mi mamá –decía mientras luchaba por no estremecerse.

-Cállate, sólo siente –le susurraba-, ¿no es rico? Hacerlo junto a tu mamá, como un trío con alguien intocable…

-Para, Enriqueta, ya –jadeaba.

-Sólo si me dices que no te gusta… Dímelo, anda –tocaba su sexo entre las sábanas-, dime que no te provoca sentir mi lengua aquí…

-¡Mira, pervertida! –Gritó la vieja de repente-, ¿qué le estás haciendo a mi bebé?

-¡Nada, mamá, no es nada! –Y sentí su pene ablandarse rápidamente.

-Sé que eres una sucia, zorra. Siempre me torturó la sospecha de que hicieras esta clase de cochinadas con mi hijo, pero comprobarlo es la peor traición que me han hecho en la vida…

-¡Perdónanos, mamá!

-¿Cómo que perdonar? ¡Señora, su hijo es mi esposo!

-¡Pero esas bolitas sólo las toco yo que lo parí, sucia! Ahora sí van a ver lo que es ser un matrimonio sano: quítate de encima de mi bebé, Enriqueta, y deja que yo ocupe mi lugar…

-¡Perfecto, señora! Ocupe su lugar: ¡Fuera de esta casa!

-¡No le hables así a mami!

-¡Tú te callas, impotente!

-¡No le hables así a mi bebé!

La vieja me apartó y se acomodó entre mi marido y yo. No dormí nada y a medianoche oí susurros:

-¿Por qué están tan blanditos tus senos, princesa? Despiértate, anda… vamos a pasear en mi carro… ya la palanca de cambios está lista, durísima, en primera, segunda, retroceso… qué pijama tan rica… ¿por qué siento tus nalgas tan flojas, preciosa?

-Porque así serán dentro de dos siglos, gordo. Le estás metiendo mano a tu mamá –respondí desde mi lado de la cama.

Él salto fuera de la cama y de inmediato encendió la luz. Vi su rostro pálido y su pantalón mojado:

-¡Le hiciste porquerías a mi bebé! –Despertó y rugió la vieja.

-¡Él iba a hacerle porquerías a usted! –Hice una pausa-. Y sí que sería una porquería –reflexioné.

-¡Mami, perdóname!

Mi marido rompió en llanto y yo tomé la decisión que consideré más adecuada: apropiarme de una almohada y del edredón, y salir a la sala, a dormir en el sofá.

servido por meenamoredeunchavista 9 comentarios compártelo

13 Abril 2007

Visita de mi suegrita

La siempre inoportuna y nunca bien ponderada madre de mi marido, sí, el escuálido, optó por visitarnos sorpresivamente ayer. Como era de esperarse, a mi esposo le pareció un regalo de los dioses el que la vieja estuviese ahí, aunque para mí fue un verdadero suplicio y motivo de otro enfrentamiento conyugal.

Llegó a las cinco y media de la mañana supuestamente para hacerle el desayuno a mi marido. Valga decir que, además, aprovechó de escogerle la ropa del día.

Mi esposo y yo salimos a nuestros lugares de trabajo y al regresar, en la tarde, desconocíamos nuestro propio apartamento: la vieja había cambiado todo de lugar y amenazaba con pasar la noche con nosotros.

-Gordo, tu mamá no se puede quedar, porque no tenemos cuarto de huéspedes. Recuerda que se nos perdió la llave.

-Princesa, ya mi mamá pensó en todo. Ahorita, antes de las seis, viene el cerrajero a forzar la puerta.

“¡Coño! ¡Van a ver lo que queda del altar!”, pensé y argumenté rápidamente:

-Pero, gordo, ¿cómo un cerrajero? ¿Acaso te has vuelto un insensible? Amor, el cerrajero acabará con el pomo…

-Princesa –dijo abrazándome-, al pomo eso no le va a doler…

-¡Pero a mí sí! Yo elegí ese juego de pomos una semana antes de casarnos, tú lo sabes, gordo. No quiero que lo descuadren sustituyéndolo por otro. Es horrible y pavoso y anti feng shui vivir en una casa donde los pomos de las puertas no sean iguales.

-¡Es sólo una cerradura!

-¡Ahí pusiste tus manos antes de hacerme el amor por primera vez! ¿Acaso no recuerdas que fue nuestro primer cuarto?

-No, princesa, que yo sepa, siempre hemos dormido en este…

Él tenía razón, pero yo tenía que evitar que abrieran esa puerta:

-No puedo creer que lo hayas olvidado –lloré, en realidad por la angustia por el altar-; olvidar que fue nuestro primer cuarto, antes de comprar la cama grande…

-No lo olvidé, preciosa…

-¿Entonces no te importa?

-De acuerdo, hablaré con mi mamá, ¿sí?

-Dime que no vendrá el cerrajero –le robé un piquito y puse ojos de perro triste-. Dímelo, gordo, que no dañarán mi pomo…

-Nadie tocará ese pomo, Enriqueta, ¿bien? Tendrás tus puertas iguales, como dice el feng shui…

Salió de nuestro cuarto hacia la sala, a hablar con la vieja. Luego me llamó y yo acudí sin saber la terrible noticia que me esperaba:

“Princesa, mi mamá tiene una excelente solución para esta noche”…

servido por meenamoredeunchavista 1 comentario compártelo

7 Abril 2007

Cumpleaños de mi marido

Hoy es el cumpleaños de mi marido y, como era de esperarse en las actuales circunstancias, tomó una actitud extraña, rara, coño e´madre, como las que últimamente acostumbra tomar.

-Buenos días, gordo… Feliz cumpleaños, mi amor –dije en tono meloso, dándole besitos en la frente.

-Hola, Enriqueta.

-¿Cómo que “Enriqueta”, chico? ¿Yo soy la conserje del edificio acaso? A mí ya hasta se me olvidó cómo carajos te llamas tú, de tanto decirte “gordo”, “melocotón”, “cuchi-cuchi”, “papi” y no sé cuántas vainas más… Y tú, en cambio, tienes las santas bolas de decirme “Enriqueta”? ¡No joda! Lo que me faltaba… ahora mi marido me habla igual como lo hace el chavista de mierda que trabaja conmigo, ¡qué éxito!

-Y mi regalo de cumpleaños fue… ¡Una crisis premenopáusica de mi queridísima esposa! –Dijo y salió del cuarto.

No volvió a hablarme. Actuó como un robot para desayunar –valga acotar que no preparó desayuno para mí, sino para él solo-, se vistió y salió muy perfumado, sin decir adónde iba ni a qué hora regresaría. Para colmo, dejó su celular en la casa, para que yo no pueda localizarlo.

En venganza, llamé a mi chavista:

-¿Quién es?

-Soy yo, chavista de mierda, ¿cómo estás?

-Me encanta tu originalidad para saludarme, carmoníaca. Estoy feliz, gozándome el solcito santo en Margarita.

-¡Qué envidia!

-¿Novedades en el trabajo?

-Ni en el trabajo, ni en mi corazón… te odio, ¿sabes? Te extraño tanto que me produce arrechera y ganas de caerte a coñazos.

-Chama, tú sí dices vainas tipo Atracción Fatal… te voy a coger miedo –dijo entre risas.

-Ya te oí, así que chao –terminé la llamada aunque tenía ganas de hablarle más.

En el horno se quedó un pollo –en este país del coño lo único disponible en los supermercados es el pollo- que preparé con gran esmero para almorzar con mi marido. Se salvó el corcho de un vino blanco espectacular que no abriré a menos que decida echarme una pea sola, despechada, triste y abandonada por un escuálido patán que me dejó en su cumpleaños y por un chavista encantador que debe estar con cualquier perra en Margarita.

servido por meenamoredeunchavista 8 comentarios compártelo

30 Marzo 2007

Encuentro con Claudia y… (III)

Seguimos caminando y conversando. Cerca del edificio de Ingeniería Sanitaria, la charla seguía su rumbo:

-Como tú misma lo dices, has convertido tu vida en un culebrón… ¿Qué sientes por el chavista?

-Algo más allá del deseo, Claudia. Estoy enamorada de él. No me importa si tenemos un conflicto ético porque trabajemos juntos. Ni siquiera sé si aún me importa que sea chavista…

-Ése es el problema, amiga, la ideología. El conflicto ético no, Enriqueta, porque tú siempre has sido muy astuta y, por lo que he leído, él no se queda atrás, así que podrán manejar todo. Sé que no se pondrán en evidencia y que lo que pase fuera del trabajo, no cambiará la evaluación que se hagan mutuamente en la oficina.

-Claudia… no sé qué hacer. Estoy que boto a mi marido, pero…

-¿Cuánto tiempo llevas con él, Enriqueta? Es desde que te conozco… unos…

-Más de diez años. Desde que empezamos a salir, ¿recuerdas? Tú me prestaste unos zapatos para la primera cita –reímos de buena gana.

-¡Diez años! Y con todas sus manías, caprichos, manipulaciones… yo ya lo hubiese botado. Además, tú quieres al chavista.

-Mi marido se ha convertido en mi hijo o en mi peluche, no sé. Mi marido es un manganzón con mamitis, es en el fondo un perdedor. Mi marido, y no sólo en la cama, sino en todas mis expectativas… mi marido no satisface mis necesidades como mujer…

-¡Querida! ¿Qué haces aquí, princesa?

Era la voz de mi marido en la pata de mi oreja y era su aliento en mi nuca. Bastó menos de un segundo para que mi mente hiciera varias cosas: “¿Qué hace aquí? ¿Nos oyó? Tengo que disimular”, pensé y me volteé enseguida:

-¡Gordo! Mi amor… qué lindo te ves hoy.

-Lo sé… mi esposa me escoge la ropa –rió escandalosamente.

-¿Recuerdas a Claudia Beltrán?

-¡Hola! Olvidé tu nombre… pero bastará con saber que eres el escuálido, digo, el marido de Enriqueta.

-Claudia Beltrán, sí… la que se fue a Maracaibo justo después de emborracharse en nuestra boda e intentar medirme el pene a través del pantalón…

-¡No seas grosero, gordo! Ella no estaba en sus cabales…

-Sí, entiendo que Claudia tiene mala bebida… Y como que no era tan chiquitico… pasé la prueba: sigo casado.

-En realidad me fui a Cabimas. Y sí… será chiquito pero cumplidor, ¿no, Enriqueta?

-Esta conversación me incomoda –acoté.

-Seguro la amable Claudia es otra chavista de mierda…

-Seguro los chavistas son más apuestos, ¿no, Enriqueta?

-No sé. Gordo, ¿qué haces aquí? ¿De dónde saliste?

-De la Facultad de Humanidades, igual que tú… ¿a qué le sacaste copias?

-¡Me estabas persiguiendo?

-No. Sólo me gusta verte de lejos y pensar que me acuesto con semejante lindura. No traje carro, así que tomaré el Metro.

-¡Qué casualidad! Nosotras también…

-¡Claudia!

-Sí, amiga. A esta hora nuestros carros deben estar trancadísimos. Vamos en Metro.

-¿Tú adónde vas, gordo?

-A La Hoyada… zona de tierrúos…

-¿Y nosotras adónde, Clau?

-¡En sentido contrario!

-¿Ah?

-Digo a… a… Los Dos Caminos, claro, Enriqueta.

-¿A qué van allá?

-Es que… gordo, no te he dicho. Una profesora del postgrado quiere que vaya a mostrar los avances de mi investigación en su oficina. Claudia me acompañará y así paseará para recordar la ciudad.

-Entiendo… ¿de quién hablaban cuando llegué?

-Del novio de Claudia, claro… un japonés insoportable –atiné.

-Araki, sí… es un perro, ni te imaginas –ella me siguió la corriente.

-¿Te quedaste solterona, Clau? –Preguntó él con malicia.

-Si no se quedaron solteros tú y tus medias grises…

-Araki es un patán. Yo le decía que lo dejara, gordo. Que le diga algo como “Araki, tú no satisfaces mis necesidades como mujer”.

-Algo así oí, princesa. Adelántense, que yo voy a desayunar aquí antes de meterme al terreno de lo popular y socialista chavista: el centro. Nos vemos en la tarde.

Antes que pudiera darme un piquito, le di un beso en la mejilla y entré al Metro junto a Claudia, celebrando nuestra astucia y riendo de nuestro susto.

No fui a trabajar, pero envié otro mensaje a mi chavista, pero esta vez no respondió:

"Y la escena ocurrió, señor apocalíptico. Menos mal que estaba acompañada".

servido por meenamoredeunchavista 7 comentarios compártelo

30 Marzo 2007

Encuentro con Claudia y… (II)

Luego de huir por la parte trasera de la escuela, fui con Claudia al edificio de la Facultad a sacar fotocopias. Allí comenzamos a hablar del chavista y luego comenzamos a vagar por los pasillos hasta salir del edificio.

-¿Él sabe que ya rechazas así a tu esposo?

-No sé, Clau…

-Debes decírselo. Envíale un mensaje…

-¿Estás loca? ¡No!

-¡Hazlo, anda!

Me convenció como sólo ella sabe hacerlo. Cuando estudiábamos juntas me hizo acceder a saltar en bugee. Claudia puede lograr todo lo que quiera, así que le escribí al chavista:

“Muérete que por ti estoy huyendo de mi marido justamente ahora, disfrazada con chaqueta ajena y todo”, envié y le devolví mi celular a mi amiga.

-Si te responde es porque le gusta sentirse preferido. A todos los humanos nos gusta eso, así que eso no significará nada. Sin embargo, el contenido de su respuesta sí representará mucho, igual que su conducta posterior.

-Estás mucho más loca que cualquiera de tus clientes, Claudia.

Enseguida el repique de mi celular la hizo respingar. Lo sacó de su bolsillo y me lo entregó:

-Es un mensaje. Debe ser tu hombre rojo, rojito.

-No me jodas, Clau.

“Mosca con una escena tipo Atracción Fatal”, había respondido mi chavista.

-¡Respondió!

-¡Te dije que lo haría! Y no perdió ocasión de usar palabras ilustrativas como “atracción”, mi estimada.

-Es el nombre de una película, Clau…

-Sí, pero igual vale. Ese tipo está hasta más montado que tú. Sólo que tiene miedo o respeto por tu matrimonio, tal como te lo dijo.

-¿Y qué sigue ahora?

-Esperar, Enriqueta. Esperar a verlo.

-Esta tarde, en el trabajo.

servido por meenamoredeunchavista sin comentarios compártelo


Sobre mí

Avatar de meenamoredeunchavista

Me enamoré de un chavista

ver perfil »
contacto »
Me llamo Enriqueta Mendoza y tengo casi 30 años, más aquellos que me resto y los que me sumé una vez. No hay psiquiatra que pueda tratar mi conflicto, por eso preferí contárselo al mundo entero: Amo a un chavista.

Fotos

meenamoredeunchavista todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera